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¿Cuál es la solución hoy de Washington?
Por: Oliver Zamora Oria
26/03/2017

Estamos de acuerdo en que se fortalecen y proliferan en el mundo desarrollado partidos y gobiernos de corte nacionalista y extremista, ¿verdad? Los ejemplos sobran; y es cierto también que el discurso antiinmigrante es un elemento fundamental en las plataformas políticas de estos grupos, y son posiciones que responden en gran medida, a sentimientos de determinados sectores populares, por ejemplo, los que votaron por Donald Trump o los seguidores de Marine LePen en Francia, por solo citar dos ejemplos. Ahora bien ¿qué está sucediendo? Que ese discurso xenófobo está calando en otros sectores sociales más neutrales.  Algunos se preguntan: bueno, cuál es el problema, si todo gobierno tiene derecho a aceptar o rechazar al extranjero que entienda conveniente, pero  esto nos obliga a aclarar determinados aspectos sobre el tema y evitar así, que quienes rechazan esas políticas, parezcan defensores irracionales. 

En primer lugar, debemos tomar en cuenta que la migración es un fenómeno global, por lo tanto deben buscarse soluciones colectivas y No unilaterales. Esas soluciones deben ser equilibradas y beneficiosas para todos. No es correcto que Europa y Estados Unidos resuelvan su problema creando inestabilidad a otros países que por lo general son más débiles. ¿Cuál es la solución hoy de Washington? Crear un muro y echar del lado de allá a todos los indeseables. Lo que suceda después, es el problema de cualquiera, menos de ellos, y estamos hablando de seres humanos. En segundo lugar, si bien es cierto que los gobiernos y estados deben cuidar sus fronteras, esa responsabilidad no debe convertirse en xenofobia, y eso es lo que está ocurriendo. Se incita a la violencia, se estigmatiza a los inmigrantes, se promueve el odio intercultural.

Y en tercer lugar, un elemento tan importante como evidente: la responsabilidad histórica. Si se quiere resolver el problema de la migración váyase entonces a sus causas reales: la pobreza, la violencia, la discriminación, la intolerancia, el cambio climático, fenómenos todos que a la vez tienen su raíz en el injusto sistema económico y social impuesto por las grandes potencias a la medida de sus intereses. Por ejemplo. cuando analizamos la emigración de los mexicanos, debemos tomar en cuenta que el país fue víctima de un tratado de libre comercio que arruinó al campo, y los campesinos tuvieron dos opciones, ir a mendigar a las ciudades o trabajar para el narcotráfico. En el caso de los africanos hay que recordar el saqueo permanente de ese continente, y mejor no hablar de los sirios y libios ¿de qué huyen? De la guerra ¿y quienes crearon esa guerra?

Por lo tanto, no se critica el derecho a organizar y proteger fronteras, se critica la forma en que lo hacen estos gobiernos o la forma que proponen determinados partidos políticos. Se critica desde un reclamo histórico y contra esa vulgar hipocresía de las grandes potencias, de esconder los trapos sucios. O más triste aún, olvidando que son naciones formadas por inmigrantes o emisoras de inmigrantes que buscaron una vida mejor, y fueron recibidos con los brazos abiertos.

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