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HER: un debate filosófico y cibernético
Por: Gabriela M. Fernández
12/11/2016

¿Cuántas veces hemos oído ciertas exageraciones populares ante las prestaciones de algún novedoso dispositivo? Aunque las apropiaciones humanas de la tecnología carecen de rangos etarios estrictos, muchos de nosotros –supuestos nativos “más digitales”- hemos sonreído ante exclamaciones como:

-¿Hasta dónde vamos a llegar con los “aparaticos”? O

-¿Será que las máquinas podrán dominarnos un día a todos?

Detrás de estas reflexiones, a todos –tanto “apocalípticos tecnológicos” como “visionarios integrados”- nos une una pregunta que invoca tanto a la ciencia como a la filosofía: ¿podrá el desarrollo informático crear inteligencias similares a la humana? Disparatado o no, estamos en presencia de un debate que alude a una de las más grandes utopías de la informática: la inteligencia artificial fuerte.

En la segunda década del siglo XXI que vivimos, el hombre está incorporando aparatos con un potencial que no hubiéramos sido capaces de soñar a finales de los 1980´s. El surgimiento de teléfonos, cocinas, autos y hasta casas “inteligentes” es increíblemente acelerado en países de altos niveles de desarrollo y consumo. Pero la inteligencia artificial “fuerte” alude a un nivel superior: la creación en máquinas de poderes de raciocinio equiparables a los humanos.

En ese contexto, el cine y la literatura no han quedado atrás. Desde clásicos de ciencia ficción como Isaac Asimov hasta fantasías de la Pixar para todos los públicos como Wall E, han propuesto la existencia futura de robots que, no solo poseen altas capacidades de razonamiento, sino que demuestran comportamientos netamente humanos como la iniciativa y los sentimientos. Así, llega a millones de pantallas alrededor del mundo la última propuesta del director de cine estadounidense Spike Jonze: Her.

 

Sobre Her, la filosofía y el cerebro humano

Her no resulta la típica película de ciencia ficción, como mismo esta no será la típica reseña cinematográfica. Este filme le habla a todo tipo de público –tanto entienda de computadoras o no-, porque acude a uno de los leiv motif que mejor funciona en la industria del cine, y en la vida del ser humano: el amor.

Para los que no la han visto, la película narra una historia romántica bastante común –con momentos de felicidad, distanciamiento, despecho, y todo lo demás-, salvo por el hecho de que la protagonizan un hombre y un sistema operativo. Sistema operativo que, gracias al hipotético desarrollo de la inteligencia artificial, es capaz de crecer a partir de lo que diseñaron sus programadores, basado en el hecho de que posee “intuición”, o por lo menos lo que los guionistas llaman intuición.

Al fin y al cabo, ¿qué es la intuición?. ¿O la soledad? ¿O el amor? ¿Tienen reglas o conceptos estas ideas tan abstractas? A estas alturas, es posible que estén descubriendo por qué Her representa un debate tanto filosófico como cibernético. Lo cual nos trae de vuelta a la inteligencia artificial fuerte. (Se repite la denominación de “fuerte” para separar este paradigma de las inteligencias artificiales enfocadas a funciones específicas, que ya nos rodean en nuestra vida diaria aunque no lo sepamos)

Y la inteligencia: ¿qué es? Otro concepto que todos pensamos dominar, pero realmente nunca hemos profundizado. Al respecto, el integrante del grupo de investigación del Instituto de Neurociencia de Cuba, Lic. Pedro Ariel Rojas, comenta:

“El problema principal radica en la falta de una definición clara del concepto de inteligencia. Como todo fenómeno complejo existen varias formas de abordar el problema. Podemos describir una analogía con el estudio de la música, una forma sería describir las características generales de la música (melodía, ritmo, etc.) y otra el estudio de las propiedades físicas de los instrumentos que la producen (el estudio de las vibraciones, los tonos).

De esta forma hay quienes describen la inteligencia a partir de lo que la inteligencia es capaz de lograr, esto es, en general, el desarrollo de programas de computadora capaces de acometer tareas que puede realizar un ser humano, pero que requieren que de alguna forma el programa aprenda, es decir, que desarrolle capacidades de abstracción e inferencia básicas, a través de algún método matemático.”

¿Podrá alguien como Samantha (nombre que se auto-propuso nuestra heroína digital, luego de recuperar y leer en 2 centésimas de segundo un libro online con 180 mil nombres para bebés) algún día ser capaz de enamorarse, tener ideas totalmente autónomas sin que hayan sido alguna vez contempladas por sus creadores, o crear comunidades y relaciones de amistad con seres humanos u otros sistemas operativos?

Para intentar reflexionar sobre esta interrogante, resulta necesario mirarnos a nosotros mismos, o sea, al ser humano, que constituye la especie conocida que es capaz de todas esas cosas. En otras palabras, debemos mirar primero a nuestro cerebro. ¿Conoce la ciencia a fondo el funcionamiento y el potencial real de este órgano? La respuesta rotunda hasta el día de hoy es NO.

Según el Lic. Rojas, “el cerebro constituye una maquinaria es muy compleja y no queda claro como la actividad sincronizada de miles de millones de neuronas puede resultar en fenómenos tan difíciles de explicar como la conciencia o la imaginación”

Entonces, ¿podríamos simular esas actividades cerebrales, que aún no conocemos bien, para incorporarlas a un ente no humano? La viabilidad a largo plazo de proyectos de este tipo resulta uno de los más grandes misterios  de las ciencias aplicadas. Por supuesto, actualmente existen poderosos defensores y detractores (nombres como Douglas Hofstader y Robert Penrose resuenan en el tema), y existe todo un corpus teórico basado en libros, artículos e investigaciones. Pero realmente, ahora mismo, todo queda en el debate, porque poco más se puede saber.

 

La inteligencia artificial ahora mismo

Aunque no existe una gran respuesta correcta con respecto a este debate, sí es posible analizar aspectos específicos que nos lleven o no a la posibilidad de una inteligencia artificial fuerte en los próximos años.

Según la Lic. Suilan Estevez, profesora de la Facultad de Matemática Computación de la Universidad de La Habana, actualmente las conexiones físicas (entiéndase desde el punto de vista electrónico, de circuitos) que posee cualquier computadora no resultan suficientes para imitar las conexiones entre las neuronas en nuestro cerebro, equiparando a estas a mínimas unidades de cómputo independientes. Por lo tanto, este resulta otro de los factores que aún no están listos para crear la Samantha de Her.

Lo cual no quiere decir que ese modelo electrónico no pueda ser variado en el futuro. Pero, reiteramos, si no se conoce realmente el potencial del cerebro humano…. 

De acuerdo con la Lic. Estévez, actualmente la IA (abreviatura para Inteligencia artificial) se ha enfocado en tareas menos abarcadoras, y que sin embargo han cambiado nuestra vida en los últimos años “El mundo se ha movido hacia donar la inteligencia necesaria a cada objeto para cumplir una serie de funcionalidades específicas, dejando de lado la Inteligencia Artificial Fuerte”

¿Qué quiere decir esto? La tendencia general hasta el momento ha sido crear una serie de inteligencias previstas a objetos o softwares diseñados para facilitarle la vida a los humanos, no para imitarlos, sustituirlos o convivir con ellos.

Por ejemplo, el Lic. Rojas explica, “los procedimientos dan excelentes resultados en áreas muy específicas (como el ajedrez, algunos problemas de reconocimiento de patrones), a menudo mejores que los humanos, pero su uso se limita solamente a estas áreas.”

 

Esos razonamientos no están hechos con vistas a una crítica negativa de Her, película que ganó en 2014 el premio Oscar al mejor Guión original, y que ha conmovido a millones de personas alrededor del mundo.  Her es un filme de ficción, que se sale de cánones y fórmulas preestablecidas de la industria cinematográfica para abordar el amor y la soledad, mientras llama la atención sobre una de las grandes utopías de las Ciencias de la Computación: la Inteligencia Artificial Fuerte.

Además, esta propuesta cinematográfica toca fibras sensibles de la existencia humana, mientras propone solapadamente preguntas que esconden clásicas reflexiones filosóficas adaptadas a un hipotético mundo moderno, como demuestra el siguiente fragmento del guión:

“Déjame hacerte una pregunta. ¿Quién eres? ¿Qué puedes ser? ¿Hacia dónde te diriges? ¿Qué hay allá afuera? ¿Cuáles son las posibilidades?”

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