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La Habana, escenario de la invención del teléfono
Por: Gabriela M. Fernández
12/11/2016

“Dime”, “Oigo”, “Hola” y otras pequeñas frases las repetimos un impresionante número de veces al día: cada vez que contestamos el teléfono. Cuentan que Alexander Graham Bell,  reconocido por mucho tiempo como su inventor, propuso que se iniciara la conversación con una frase bien curiosa, “Ahoy”. Sin embargo, en 2002 la historia reivindicó a otra mente creativa como responsable de la aparición del teléfono, el italiano Antonio Meucci. ¿Y cuál fue la principal locación de sus experimentos? Nuestra ciudad de La Habana.

Cualquiera llamaría sensacionalista a este tipo de posts, pero es cierto que un humilde inmigrante florentino vino a trabajar a La Habana, más exactamente al Teatro Tacón (hoy recién reinaugurado Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso), luego de una trayectoria como tramoyista y técnico innovador tras bambalinas desde la misma Italia. Había estudiado diseño e ingeniería mecánica en la Academia de Bellas Artes de Florencia.

Entre sus inventivas destacaron un teléfono neumático (precursor del teletrófono, su invento que se convertiría en el actual teléfono), utilizado todavía se utiliza en el Teatro della Pergola de Florencia y perfeccionado para el teatro Tacón en el siglo XIX. Además, creó un nuevo sistema de galvanizado, un sistema de filtros para la depuración del agua e introdujo el uso de la parafina en la fabricación de velas.  Más tarde desarrollaría un sistema de electroshocks terapéuticos, que llegó a administrar en la capital cubana.

Precisamente, un experimento de Meucci relacionado con la aplicación de electroterapia lo lleva al descubrimiento de que la electricidad podía transmitir la voz humana. Intentando aliviar el dolor de cabeza de un colega, lo hizo sostener en una mano una lengüeta de cobre y en la otra del mango de corcho de un instrumento que tenía otra lengüeta metálica, con el objetivo de que fuera atravesado brevemente por una corriente eléctrica que le serviría de terapia. Para controlar la intensidad de la corriente recibida por el paciente, Antonio tenía un aparato similar en sus propias manos.

El florentino debe haber pensado que su mente lo engañaba cuando escuchó el grito del paciente muchos más claramente de lo que hubiera podido hacerlo, teniendo en cuenta que se encontraba en otra habitación. Uno de los cables transmitió el sonido hacia donde él se encontraba. Ese principio, casi descubierto por accidente, es una la de las razones por las que podemos contar con la inmediatez de la conversación telefónica. De más está decir que, lo que antes eran técnicas terapéuticas, se convirtió para Meucci en experimentos de telefonía.

La señora Ester Meucci padecía de reuma, por lo que los empeños del florentino se concentraron en inventar un aparato que conectara su oficina con el dormitorio de su esposa, ubicado en el segundo piso. En 1980, dio a conocer su teletrófono, descrito como una suerte de telégrafo parlante. Durante una demostración pública, la voz de Rita Montaner se oyó a una considerable distancia. A pesar de sus esfuerzos económicos,  Meucci no tenía dinero para conservar la patente de su invento por mucho tiempo, y luego una afección de la salud de su esposa lo obliga a empeñar sus trabajos. Un desconocido las compró antes de que la pareja pudiera recuperarla y….en 1876 Alexandre Graham Bell legalizó una patente que describe al teléfono. Bell había trabajado intensamente en un dispositivo capaz de enviar señales telegráficas sobre un cable utilizando armónicos y transmitirlas pero, según historiadores, los resultados no llegaron más que a pequeñas vibraciones sonoras.

La “coincidencia” dio lugar a una pequeña guerra de patentes entre Bell y Meucci, pero el segundo murió sin ser reconocido por su rol mayoritario en la invención de lo que Bell llamaría teléfono. La primera conversación telefónica registrada por la historia, la realizó Bell en 1876, de la cual se recuerda esta frase a su ayudante: “Sr. Watson, venga aquí, quiero verle”.

No será la primera vez que la justicia de un descubrimiento científico o tecnológico llega, pero bien tarde. El 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los EE.UU. publica la Resolución Nº26 que no solo reconoció su papel en la invención del teléfono, si no que lo considera el “padre de las comunicaciones modernas”.

En el siglo XXI ya no hay dudas, por parte de la comunidad científica mundial, de que Meucci se lleva el mayor mérito en la invención del teléfono. Sin embargo, a la cultura popular le cuesta sacar el nombre de Bell de la categoría “grandes inventores”, siendo aún una respuesta obvia de muchos concursos de conocimiento. El papel de nuestra capital como escenario de experimentos definitorios en la historia de la telefonía debería servirnos no solo como una curiosidad para comentar en comidas familiares, sino como prueba de que hay mucho que no sabemos sobre los objetos que usamos cada día de nuestras vidas.

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